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SIEMPRE CRISTINA
- Dr. Antonio Peralta Sánchez
México

En mi profesión de Ginecólogo y Sexólogo por tantos años, he podido ver historias desde la primera página, el desenlace, el final y el epílogo; las más de las veces con la certidumbre de que pude aportar algún elemento que hiciera apacible la vida, y con la gratificación de que desde esta profesión humanista siempre se puede ver al ser humano con la claridad de un cielo de mayo.

Dos años hace que llegó al consultorio una paciente que tenía años que no veía, me acordaba de ella por su sonrisa franca, la agudeza de su mirada y porque siempre leía mis artículos, -según me dice- le gustaban los de la serie de “San Jeronimito” (una sátira a la política en un pueblo perdido en nuestra patria).

Camelia tan pronto entró se estremeció en un llanto que casi le impedía hablar, no alcanzaba hilar palabras y claro mostraba un sufrimiento atroz.
“Hace 20 años me atendió de mi último parto, fue cuando nació Cristian, ¿Se acuerda?

-¡Claro que me acuerdo de ti!, pero la verdad no tengo presente a Cristian-, le respondí con sinceridad, -pero no importa. ¿Qué es lo que pasa? tranquilízate y dime-.

Con gran esfuerzo y enjugando el llanto me contó su historia de un girón: “Cristian es el niño que esperábamos, para mi esposo el que hayamos tenido dos mujeres primero le hacía pensar siempre en la llegada de su niño, por eso fue que cuando supo que iba a ser hombre hizo fiesta en cada momento que se podía. Desde muy pequeño descubrí, pero no le quise dar importancia, que a él le gustaba mucho arreglarse como a sus hermanas, y en más de un ocasión lo vi queriendo ponerse la falda de su hermanita; pensé que trataba de parecerse a ella o que le hacía gracia la ropa de mujer. Al paso del tiempo hubo más hechos que debí haber tomado en cuenta, como cuando en las fiestas de Halloween gustaba ir a todas y siempre vestido de mujer, sabiendo que se trataba de un disfraz hasta le aplaudía; mi problema Dr. es que ahora que está terminado su universidad como Ingeniero en electrónica me ha confesado algo que no entiendo, que me hace muy desdichada”- El llanto no la dejó continuar con su discurso. Le di tiempo invitándola a respirar profundo, finalmente añadió-:
“Mamá a partir de hoy dejo de ser Cristian y quiero que me llames CRISTINA, porque estoy convencida que nací en un cuerpo equivocado, soy mujer en toda mi esencia y por lo tanto desde ahora viviré como mujer” ¿me aceptas? “Su padre que alcanzó a escuchar todo estuvo a punto de golpearlo agrediéndolo con palabras fuertes que hizo que de inmediato defendiera a mi hijo: -¡yo lo acepto porque lo amo, si tú no lo haces será mejor que te vayas¡- le dije con coraje y rencor por ver el odio en su mirada-. En efecto a los pocos días se fue, diciendo que sería mejor buscar trabajo en Estados Unidos y que después me enviaría dinero para sus hijos.”

Cristian es transexual y desde niño se dio cuenta que tenía que combatir mil demonios, cientos de barrancas y miles de ríos caudalosos. La transexualidad es una incongruencia de género, es decir sentirse en el cuerpo equivocado; desde junio del 2018 de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó de ser una enfermedad mental, quedando como un trastorno por la no adecuación de cuerpo y género que siente la persona; esta inadecuación requiere apoyo profesional para reasignar cuerpo y género lo que implica vivir el rol nuevo, tratamiento hormonal y finalmente tratamiento quirúrgico. Le expliqué a Camelia con detalle cada punto y los caminos que existen en México para acompañar estas difíciles historias de vida. Se tranquilizó y salió dispuesta a dar la batalla.

Recientemente regresó Camelia radiante por la victoria, solo a contarme todas las veredas que ha recorrido.

“Cristina recién empezó a trabajar en una gran empresa, y ya planeamos para este año una vez que venda una casita que me dejó mi padre, para que la operen en Canadá, me cuesta aún trabajo pero la amo como a mis otras hijas. Mi esposo nos envía dinero pero nunca pregunta por Cristina. La lucha fue muy difícil porque para poder cambiar el nombre a sus documentos tuvimos que llegar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y yo saqué fuerza hasta de las piedras pero siempre estuve con mi hija, y finalmente GANAMOS, ahora ya sus documentos están en orden, me queda muy claro que no existen culpables, que es parte de la vida y que ella merece ser feliz. Yo estoy dispuesta a seguir combatiendo porque la lucha aún no termina, nuestra familia, la gente; pero qué importa si Mi Cristi es feliz, y sus hermanas la adoran”.

Se fue Camelia y me quedé pensando en la grandeza de las madres que nunca dejan a sus hijos, que son capaces de nadar todos los mares para ver la felicidad en el rostro de sus vástagos. ¿Los padres haríamos lo mismo?